|
El Papa Luna |
||||||
|
De
1378 a 1389 residió habitualmente en España, pero sin abandonar las buenas
relaciones con Aviñón, por lo que Clemente VII, correspondiendo a sus
servicios le otorgó una décima trienal en sus estados y le autorizó la
fundación de la universidad de Perpiñán. La actividad del cardenal
aragonés lo hizo famoso fuera de los límites de la Corona de Aragón, e
incluso el Papa en Roma, Bonifacio IX (que había sucedido a Urbano VI)
alabó su talento y sus méritos. Castilla aceptaría por su mediación a
Clemente VII en 1381 y Navarra en 1390, por lo que finalizada su misión en
España regresa a Aviñón y a la muerte del Papa aviñonés sería nombrado
para sucederle, adoptando el nombre de Benedicto XIII. Su obstinación, que
le haría más famoso todavía si cabe, hizo imposible la propuesta de
mediación del rey Carlos VI de Francia y la de entrevistarse con Bonifacio
IX, y aunque en el concilio de Perpiñán se declaraba su legitimidad, el
posterior concilio de Pisa, en 1409, declaró cismáticos a ambos pontífices
y arbitró la elección de un nuevo Papa (Alejandro, V) lo que obligaba a
renunciar a los dos existentes con anterioridad. Benedicto XIII no aceptó
la solución refugiándose en la Corona de Aragón. La posterior convocatoria
de un nuevo concilio que se celebraría en Constanza en 1414, logró la
deposición de dos de los papas y abrió el definitivo aislamiento de
Benedicto XIII, obligado a refugiarse en el castillo de Peñiscola. Allí
acabaría sus días abandonado por todos, aislado, declarado hereje y
excomulgado por el nuevo Papa, Martín V. Benedicto XIII) ha pasado a la historia como el antipapa por antonomasia y, sin embargo, toda su vida llevó a cabo una denonada lucha contra los intereses políticos de las grandes potencias, con el fin de hacer prevalecer su legitimidad. |
||||||
|
Copyright © 2001 Interdisseny / Netdisseny, S. L. |
||||||