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El
origen de PEÑÍSCOLA (4.500 hbts.) Hay que buscarlo en épocas remotas como
atestiguan los yacimientos iberos (s.XVII aC) de la tribu de los
ilercavones. Posteriormente fue asentamiento fenicio o cartaginés, y más
tarde colonia griega. La tradición refiere que Aníbal vivió en el lugar
varios años; la derrota cartaginesa trajo la dominación romana y el nombre
de 'Peniscola' ('casi isla'). Bajo la dominación musulmana fue un
importante puerto fortificado ('Banásqula' o 'Banasquila'), que Jaime I
intentó tomar en 1225 desde Alcañiz, sin conseguirlo. No fue hasta 1233,
tras la caída de Borriana, cuando Peñíscola se entregó a cambio de
respeto para los pobladores, otorgándosele carta puebla con fuero de
València en 1250.
Concedida la
plaza inicialmente a los Moncada, fue propiedad de la Orden del Temple
desde 1294, comenzándose entonces la construcción del actual castillo
sobre los restos del árabe, siguiendo las líneas ya utilizadas en las
fortificaciones templarias de Tierra Santa. Con la disolución de esa
Orden, pasó en 1319 a la Orden de Montesa, que iniciaría también nuevas y
grandes obras en la fortaleza. En 1329 Peñíscola encabezaba una encomienda
y en su castillo se crearía el Priorato de San Jaime.
Con el Cisma
de Occidente a la muerte del Papa Clemente VII (1394) fue designado nuevo
pontífice el aragonés Pedro de Luna como Benedicto XIII, quien se instaló
en Peñíscola de 1411 a 1423 (el maestre de la Orden de Montesa le donó el
Castillo). Allí atrajo a una espléndida corte y se añadieron nuevas
construcciones a la fortaleza, como la 'Torre del Papa Luna'. Su sucesor
Clemente VIII permanecería también en Peñíscola hasta su abdicación en
1429.
Durante las
Guerras de Germanías fue sede de las fuerzas leales al rey, capitaneadas
por el virrey Diego Hurtado de Mendoza, que resistieron el asedio
agermanado de 1521.
Felipe II
encargaría al ingeniero militar Antonelli la construcción de nuevas
fortificaciones adaptadas a la artillería, con el fin de servir de
baluarte contra los ataques de los piratas berberiscos.
En la Guerra
de Sucesión la ciudad se declaró partidaria de Felipe V y resistió los
asedios de las fuerzas inglesas del archiduque Carlos en 1705 y 1707.
Durante este periodo el castillo fue reforzado con nuevas construcciones.
Durante la
Guerra de la Independencia fue tomada en 1812 por las tropas francesas del
general Severoli. En 1814 sería reconquistada por el general Elío tras un
fuerte bombardeo. Después de estas acciones y las Guerras Carlistas -en
que defendió la causa liberal- la importancia militar de la fortaleza
decreció rápidamente.
El
CASTILLO DE PEÑÍSCOLA y sus MURALLAS se hallan en perfecto estado de
conservación, siendo su mantenimiento objetivo prioritario de la ciudad.
Todos sus
elementos son de extraordinaria calidad, constituyendo probablemente el
mejor ejemplo de conservación de la arquitectura militar en la Comunidad
Valenciana.
En el
interior del recinto se pueden apreciar todas las estancias, patios de
armas, torreones, etc., especialmente desde que fue residencia del Papa
Luna. Es muy interesante apreciar las distintas tipologías de construcción
que se fueron añadiendo a lo largo de su historia.
Las murallas
más antiguas que se conservan son del s.XV y las más modernas fueron
construidas durante el reinado de Felipe II, como parte de la reordenación
defensiva de la costa, bajo la dirección de Antonelli. A esta época
pertenecen los sólidos baluartes estrellados y la adaptación para el fuego
artillero. Las últimas obras de relevancia se realizaron en la segunda
mitad del siglo XVIII, con la ampliación de las instalaciones para una
guarnición más numerosa, la edificación del almacén de pólvora, el
Baluarte del Príncipe y el Portal de Santa María.
El
TORREÓN DE BADUM se halla a unos 6 Km al sur de la ciudad, junto al mar,
al pie de la sierra de Irta. También es llamado Torreón de Abadum o
Almadum.
Su origen en
musulmán y su construcción parece ser del s.XIII. No se sabe con certeza
si pertenecía al sistema de vigía del Castillo de Xivert, o era un
puesto avanzado de la fortaleza de Peníscola.
Es de planta
cilíndrica, ligeramente ataluzada, de gran envergadura y con fábrica de
sillarejo y sillares de gran calidad. Todo ello le hace resaltar sobre las
habituales torres vigía de origen musulmán en la costa valenciana.
Ha sufrido
diversas modificaciones a lo largo de su historia. Las últimas parecen
datar del s.XVI, durante la época de mayor actividad de los piratas
berberiscos. Actualmente se halla parcialmente restaurado y en relativo
buen estado. |
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